Los zapatos de Theresa May

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fecha: enero 2017
autor: antonio notario

En menudo lío se ha metido Reino Unido. Resultado inesperado, sorpresa o cisne negro son tres apelativos empleados para el Brexit, algo así como una herencia no deseada para Theresa May, la primera ministra, quien, todo hay que decirlo, afronta la situación con suma elegancia, esfuerzo, y siempre con un buen par de relucientes zapatos, acorde con cada ocasión.

Esta semana se acaba de dar a conocer la dimisión del embajador británico ante la Unión Europea, Ivan Rogers.  Independientemente de los motivos para tal decisión, la medida, a tres meses de la fecha de activación del artículo 50, es otra muestra más del pantanoso escenario del Brexit, en el que los finos tacones no ayudan gran cosa.

He de reconocer que siempre he creído en Europa. En el caso de esa fatídica noche de junio del 16, me acosté pensando que la flema británica acabaría imperando en el referéndum, y así, el resultado sería diferente al alcanzado. Pensé que un enfoque pragmático, pensando en el business, era lo más racional y propio de un pueblo que presume de sensatez. Me equivoqué.

En el fondo de la cuestión, a mi entender, se encuentra la concepción de la Unión Europea como un sentimiento, como una mera cuestión de identidad. Craso error. Con esta lente, la Unión Europea está abocada al fracaso. Hay que admitirlo, los ingleses no se sienten europeos. Ni los alemanes, holandeses, italianos, o españoles.

¿Enfoque populista? Un poco sí. Hay sectores de la sociedad que, desafortunadamente, rechazan de pleno al que viene de fuera. Con motivo de los flujos de migrantes y refugiados, que desde 2016 llegan en masa más allá de Calais (Dover para los brits) estas formas de pensar cerradas y pedrolíticas han encontrado espacios políticos en cuyos diccionarios no se encuentra las palabras integración social y solidaridad. Sin embargo, por otra parte, ¿quién no está algo harto de la inoperancia de las instituciones europeas y del derroche presupuestario en tantos ámbitos comunitarios, sin llegar a resultados sólidos?.

El charco más grande que ha dejado la tormenta es la negociación sobre la permanencia en el mercado único. ¿Alguien cree que es posible, en dos años, llegar a un acuerdo al respecto? (las negociaciones sobre el acuerdo comercial con Canadá han llegado a los siete años).

El enroque en la no libre circulación de personas ya presenta grietas. Así ¿Qué pasará con la frontera con Irlanda y los acuerdos del Good Friday? O con Escocia, y las exportaciones de whisky y otros elementos líquidos?

Pero hay muchos otros. En materia de seguridad, las cifras hablan de Reino Unido como un socio altamente comprometido en la seguridad europea. Y lo seguirá siendo, pero a través de la OTAN. No obstante, en palabras de Robert Cooper, la seguridad es una cuestión de relación, no de números. Si se pierde la confianza, se pierde la seguridad legal.

2017 está cargado de citas electorales relevantes en Europa: ni más ni menos que Francia y Alemania. Veremos cuáles son los zapatos más apropiados para tales ocasiones.

Una última reflexión: quizá, en lugar de unos finos y elegantes zapatos, el uso de un buen par de Wellingtons resultaría más práctico para poder avanzar en semejante terreno resbaladizo.

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